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Tengan cuidado de no hacer sus actos de justicia delante de la gente para ser vistos por ellos. Si lo hacen, no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.
Por eso, cuando ayudes a los pobres, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para recibir honra de la gente. De cierto les digo que ellos ya tienen su recompensa.
Pero cuando ayudes a los pobres, no dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha,
para que tu ayuda sea en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará.
Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para que la gente los vea. De cierto les digo que ellos ya tienen su recompensa.
Pero , cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará.
Al orar, no repitan palabras sin sentido, como hacen los gentiles, porque ellos piensan que por hablar mucho serán escuchados.
No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan.
Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11 Danos hoy nuestro pan de cada día.
12 Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13 No nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal; porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.
14 Porque si ustedes perdonan a otros sus ofensas, también su Padre celestial los perdonará.
15 Pero si ustedes no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre perdonará las ofensas de ustedes.
16 Cuando ayunen, no pongan cara triste como los hipócritas, porque ellos cambian su rostro para que la gente vea que están ayunando. De cierto les digo que ellos ya tienen su recompensa.
17 Pero , cuando ayunes, lava tu rostro y arregla tu cabeza,
18 para que no parezca a la gente que estás ayunando, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará.
19 No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones entran y roban.
20 Más bien, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen, y donde los ladrones no entran ni roban.
21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
22 El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz.
23 Pero si tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo estará en oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué grande será esa oscuridad!
24 Nadie puede servir a dos señores, porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y al dinero.
25 Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No vale la vida más que la comida, y el cuerpo más que la ropa?
26 Miren las aves del cielo: no siembran, no cosechan ni guardan en graneros, y sin embargo su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
27 ¿Y quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora a su vida?
28 ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Miren cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan.
29 Pero les digo que ni Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
30 Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está viva y mañana se echa al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
31 Por eso, no se preocupen diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos?
32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todo esto.
33 Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.
34 Así que no se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. A cada día le basta su propio mal.