9
Había un hombre de Benjamín que se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un benjamita, hombre valiente. Tenía un hijo que se llamaba Saúl, un joven impresionante; no había entre los hijos de Israel persona más hermosa que él. Desde los hombros arriba aventajaba en estatura a cualquiera del pueblo.
Se le perdieron los asnos a Cis, padre de Saúl. Entonces dijo Cis a su hijo Saúl: «Toma ahora contigo a uno de los criados, levántate y ve a buscar los asnos». Atravesó la región montañosa de Efraín y pasó por la tierra de Salisá, pero no los encontraron. Luego pasaron por la tierra de Saalam, y tampoco estaban allí. Pasó después por la tierra de los benjamitas, pero no los encontraron.
Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Saúl dijo a su criado que estaba con él: «Ven, volvamos; no sea que mi padre deje de preocuparse por los asnos y se inquiete por nosotros».
El criado le respondió: «He aquí que hay un hombre de Dios en esta ciudad, y es un hombre muy respetado; todo lo que él dice sucede sin falta. Vayamos allá; tal vez él pueda indicarnos el camino que debemos seguir».
Saúl dijo a su criado: «Pero si vamos, ¿qué le llevaremos al hombre? Porque el pan de nuestros sacos se ha acabado y no tenemos ningún regalo que llevar al hombre de Dios. ¿Qué nos queda?».
El criado volvió a responder a Saúl: «Mira, tengo en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata; se la daré al hombre de Dios para que nos indique nuestro camino». (Antiguamente en Israel, cuando alguien iba a consultar a Dios, decía: «Venid, vayamos al vidente»; porque al que hoy se llama profeta, antes se le llamaba vidente).
10 Entonces Saúl dijo a su criado: «Bien dicho. Ven, vamos». Y fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios. 11 Mientras subían la cuesta de la ciudad, encontraron a unas jóvenes que salían a sacar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente?».
12 Ellas les respondieron: «, ahí está, delante de vosotros. Daos prisa, pues ha venido hoy a la ciudad porque el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. 13 En cuanto hayáis entrado en la ciudad, lo encontraréis antes de que suba al lugar alto a comer; porque el pueblo no comerá hasta que él llegue, pues él es quien bendice el sacrificio; después comen los invitados. Subid, pues, ahora, porque en este momento lo encontraréis».
14 Subieron a la ciudad. Cuando entraban por la puerta, Samuel salía a su encuentro para subir al lugar alto.
15 Un día antes de que llegara Saúl, el Señor se lo había revelado a Samuel, diciendo: 16 «Mañana a estas horas te enviaré a un hombre de la tierra de Benjamín, al cual ungirás como caudillo de mi pueblo Israel. Él salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, pues su clamor ha llegado hasta ».
17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «He aquí el hombre de quien te hablé; este tendrá autoridad sobre mi pueblo».
18 Saúl se acercó a Samuel en la puerta y le dijo: «Por favor, dime dónde está la casa del vidente».
19 Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube delante de al lugar alto, pues hoy comeréis conmigo. Por la mañana te dejaré marchar y te declararé todo lo que tienes en el corazón. 20 En cuanto a tus asnos, que se perdieron hace tres días, no te preocupes por ellos, pues ya han sido encontrados. ¿Y para quién es todo lo precioso de Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?».
21 Saúl respondió: «¿No soy yo benjamita, de la más pequeña de las tribus de Israel? ¿Y no es mi familia la más insignificante de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me hablas de esta manera?».
22 Samuel tomó a Saúl y a su criado y los introdujo en la sala de invitados, y les dio el mejor lugar entre los comensales, que eran unos treinta hombres. 23 Samuel dijo al cocinero: «Trae la porción que te di, de la cual te dije: “Guárdala aparte”». 24 El cocinero tomó el muslo y lo que estaba sobre él y lo puso delante de Saúl. Samuel dijo: «He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque se ha guardado para ti para esta ocasión, desde que dije que invitaría al pueblo». Así comió Saúl con Samuel aquel día.
25 Cuando bajaron del lugar alto a la ciudad, Samuel habló con Saúl en el terrado. 26 Se levantaron temprano; y al amanecer, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, diciendo: «Levántate, para que te despida». Se levantó Saúl, y salieron ambos fuera, él y Samuel. 27 Cuando bajaban al extremo de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: «Di al criado que se adelante» (y el criado se adelantó), «pero tú quédate quieto ahora, para que te haga oír la palabra de Dios».