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Fiel es esta palabra: si alguno desea ser supervisor, desea una buena obra.
Por tanto, el supervisor debe ser irreprensible, esposo de una sola mujer, sobrio, prudente, respetable, hospitalario y apto para enseñar.
No debe ser dado al vino ni violento, sino amable, no peleador ni amante del dinero.
Debe gobernar bien su propia casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad.
Porque si alguien no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?
No debe ser recién convertido, para que no se llene de orgullo y caiga en la misma condenación que el diablo.
También debe tener buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en vergüenza ni en la trampa del diablo.
Los diáconos, de la misma manera, deben ser dignos, no de doble palabra, no dados a mucho vino ni codiciosos de ganancias deshonestas.
Deben guardar el misterio de la fe con limpia conciencia.
10 También estos sean puestos a prueba primero; luego sirvan como diáconos, si son irreprensibles.
11 Las mujeres también deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias y fieles en todo.
12 Los diáconos sean esposos de una sola mujer, y gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas.
13 Porque los que sirven bien como diáconos ganan para un lugar honroso y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
14 Te escribo estas cosas, aunque espero ir pronto a verte.
15 Pero si me tardo, quiero que sepas cómo debe uno comportarse en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad.
16 Sin duda, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto por ángeles, predicado entre los gentiles, creído en el mundo y recibido arriba en gloria.