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Ahora bien, el punto principal de lo que estamos diciendo es este: tenemos tal sumo sacerdote, que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en los cielos.
Él es ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, que levantó el Señor, y no el hombre.
Porque todo sumo sacerdote es nombrado para presentar ofrendas y sacrificios. Por eso era necesario que este también tuviera algo que ofrecer.
Si estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas según la Ley.
Ellos sirven a una copia y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a construir el tabernáculo: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te mostró en el monte.
Pero ahora Jesús ha recibido un ministerio mucho más excelente, porque es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
Porque si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se habría buscado lugar para un segundo.
Pero Dios, al reprenderlos, dice: Miren, vienen días, dice el Señor, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
No será como el pacto que hice con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me aparté de ellos, dice el Señor.
10 Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
11 Ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.
12 Porque tendré misericordia de sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados ni de sus iniquidades.
13 Al decir: nuevo pacto, Dios ha declarado viejo al primero. Y lo que se hace viejo y envejece está cerca de desaparecer.